Ahí también aferraba mi cartera fuertemente para protegerme de la muchedumbre que avanzaba a empujones y para erigir una barrera entre el mundo exterior y yo. Pero esa mañana la multitud estaba "dentro" de mí. Eran voces fuertes y caóticas que reclamaban ser escuchadas. Una de esas voces se destacaba de las demás:"¡
¿Qué le hiciste a tu cabello?!"
Durante los cinco minutos que me tomó llegar del lugar donde vivía hasta la biblioteca, me di cuenta de que el ruidoso coro en mi cabeza era un eco de lo que había oído mientras crecía, allá en mi hogar. Me detuve antes de entrar en la biblioteca, una mano sobre la puerta, incapaz de moverme. Estaba paralizada por mis propios tumultuosos pensamientos. Aun aquí, en la rural Nueva Inglaterra donde hace 0°c en abril, a mundos de distancia de mi hogar en la costa oeste africana, me perseguían los fantasmas de cómo me habían dicho que tenía que verme. Había rechazado esas imágenes, pero ahí estaba... ¡aterrorizada!
Siempre tuve lo que la gente llama "buen" cabello: liso, largo y obediente. No me asusta el agua como a la mayoría de las otras mujeres que dominan el cabello químicamente porque puedo hacerlo regresar a su estado liso y sin que se encrespe con poco esfuerzo.
Mi cabello ha sido tratado con alisadores químicos durante tanto tiempo que nunca se me ocurrió que no había nacido con el cabello liso y manejable. Durante casi 20 años todo el mundo, incluida yo misma, se acostumbró a que yo tuviera cierta apariencia. r a la peluquería cada seis semanas para hacerme el tratamiento nunca se sintió como una farsa porque, al menos, no era como esas chicas que usaban cabello falso. Estos planteos nunca se me ocurrieron mientras estaba en Ghana porque no se me ocurrió que hubiera otra alternativa a ese estilo de cabello.
Cuando vine a los Estados Unidos para ir a la universidad, de pronto las mujeres de color se veían diferentes a mí. Además de las permanentes y las extensiones a las que yo estaba acostumbrada, aquí había mujeres que usaban su cabello natural peinado con dreadlocks, sisterlocks, afros, trenzas. Intrigada, comencé a hablarles y llegué a la conclusión de que realmente amaban su cabello y se amaban a sí mismas.
Me pregunto cuándo alisarme el cabello se convirtió en un acto de autorrechazo. Mi madre, mi abuela y la mayoría de las mujeres que conozco aún se alisan el cabello. ¿Qué dice eso sobre ellas? Mi madre y mi abuela son mujeres fenomenales por derecho propio. Se me hace difícil imaginarme que alisarse el cabello ha sido una manifestación de un complejo de inferioridad racial. ¿Quiere decir que, inconscientemente, adhirieron a cierto ideal? ¿Sería injusto echarle la culpa a los medios ý sugerir que las imágenes dominantes de belleza llevan a mujeres de todas las razas a aspirar a cierto ideal, que incluye un cabello liso y sedoso?
Continué haciendo preguntas y hablando con mujeres de todas las edades. Me negué a alisarme el cabello hasta obtener respuestas satisfactorias o hasta que el efecto químico se fuera y volviera mi cabello natural, lo que sucediera primero.
Oí diferentes justificaciones. El cabello liso es práctico, fácil de manejar, obediente. El afro no se puede peinar porque es más rebelde. Las implicancias de estas caracterizaciones fueron como una bofetada cuando comencé a mirar realmente a las demás ghanesas.
Vi a las "chicas de las extensiones", que no serían vistas con su propio cabello ni muertas, y las "chicas estuve en", que fingían acentos británicos o estadounidenses para impresionar a la gente de su círculo social. También vi mujeres oscuras que se blanqueaban la piel para ser un poco más claras.
Esto no quiere decir que no hay belleza genuina en el país de donde provengo. Sin importar si son culpables o no de estas cosas, las mujeres están bajo la presión de actuar y verse de cierta manera, que es incompatible con sus ser natural. Esta presión es otra manera de sofocar esa "rebelde e ingobernable africanidad".
El mensaje es claro: domestica tu cabello, domestica tu negritud, domestica todas esas cosas que te hacen diferente.
Hay más preguntas que respuestas y, la mayor parte del tiempo, quiero archivar todos los interrogantes por miedo a que sea solo una inútil gimnasia mental.
Mientras tanto, mis puntas químicamente alisadas continúan quebrándose y empiezan a aparecer nuevas raíces. ¿Dejé de alisarme el cabello porque ya no podía justificar hacer eso, pero sí podía justificar dejármelo natural? ¿Era necesario que lo hiciera? Durante meses, tuve el cabello envuelto. Mientras me dirigía hacia Ghana para Navidad, me preguntaba qué diría mi familia.
En los Estados Unidos, era simplemente una decisión de volver al cabello natural. Las mujeres de color lo hacían todo el tiempo. En Ghana, era algo inédito. No le había contado a mi mamá por miedo a que se disgustara. Salí del sector de llegadas del aeropuerto y busqué a mi familia entre la multitud. Reconocí a mis hermanos, a mi padre y a mi... ¡a mi madre con cabello corto natural!
Caminé a través de la biblioteca hacia el centro de estudiantes, el corazón social del campus. La gente que conocía iba a verme, a la nueva yo. Sonreí para mí misma, recordando las conversaciones que había tenido con mi madre en Navidad. Fueron conversaciones que dieron respuestas a preguntas sobre belleza e imagen de una misma, sobre qué hacer cuando tienes un día de cabello rebelde y sobre cómo reconciliarse con el hecho de que todos los días serán un día de cabello negro.