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Una carta para mi hija
Flavia Goncalves
BrasilGALERÍACONVERSACIÓN
Tu nombre es Luma. Proviene de la palabra latina “lumen” y significa luz, iluminada, chispa de vida. De donde vengo, “dar a luz”...
Supe que estabas creciendo en mi interior unos días antes de Navidad. Aunque no practico ninguna religión en particular, creo que me fuiste enviada como un don. Los instintos maternales que no imaginaba que tenía aparecieron inmediatamente; te convertiste en mi única razón de ser.
La primera vez que escuché latir tu corazón, temblé de emoción. Cuando te vi en la primera ecografía, lloré. Estaba en un constante estado de felicidad. A medida que crecías en mi interior, mi panza se hacía más grande. Recuerdo una noche en particular: estaba en la cama leyendo, cuando de repente deslizaste tu pequeño pie a través de mi panza. Puse mi mano en el lugar donde te había sentido y pateaste de nuevo.
Salvo por haberme sentido somnolienta al principio y durante los últimos meses, el embarazo fue muy fácil. Como me sentía bien y todo parecía estar yendo bien, tu padre y yo le preguntamos al doctor qué posibilidades había de tener un parto natural. El médico nos apoyó mucho. Estuvo de acuerdo con que estaba teniendo un embarazo normal y saludable y que nuestras probabilidades de tener un parto natural exitoso eran grandes.
¿Dolor durante el parto? Sí, no pensé en eso. Supongo que eso se le cruza por la cabeza a toda mujer embarazada. Probablemente, algún día, cruzará por la tuya. Miedo al dolor. No podía hacer nada respecto al dolor, pero sí podía hacer algo sobre el miedo, y lo hice. Encontré una entrenadora en hipnoterapia aplicada al trabajo de parto y seguí dedicadamente sus indicaciones, todos los días, muchas veces por día. Sabía que ella podía ayudarme.
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